A los niños, los regalos de los Reyes Magos o los de los familiares en sus cumpleaños les dan seguridad en que el mundo es benévolo y los suyos les quieren. Sin embargo, si lo que reciben son solo cosas “útiles” piensan que los mayores aprovechan las celebraciones para ahorrarse dinero de ropas o zapatos por ejemplo, algo que igual le tendrían que comprar en otro momento. Pero a la vez, si los juguetes son muchos, la demasía les sobreestimula y les impide dedicar a cada uno el tiempo necesario para hacerlos propios.

Los niños y adolescentes no se cansan de pedir. Lo que se les da les demuestra el amor que se le tiene y les permite competir en posesiones con sus compañeros y amigos. A los progenitores, darles y darles cosas les ayuda a veces a no sentirse culpables por el poco tiempo que les dedican. Es decir, que los obsequios funcionan como objetos compensatorios de otras cosas que pensamos les debemos. Pero los muchachos necesitan sentirse atendidos y favorecidos en el desarrollo de sus autonomías. Para ello, entre las cuestiones que hay que tener en cuenta al planificar este delicado momento de elegir los regalos navideños, está la exigencia de lograr asumir que las satisfacciones pueden no colmarse de manera inmediata e, incluso, de que en la mayoría de las ocasiones no se logra todo lo que se desea. Este es un aprendizaje esencial para su autocontrol. Y es que una personalidad insaciable es un camino certero hacia la frustración y el fracaso. Por eso, en estos días, los adultos deberían reflexionar sobre el valor de los detalles materiales y de las demostraciones afectivas. Tener más cosas superfluas no conlleva ser más feliz.

Publicado: 30 de Diciembre de 2017